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C+C, cerveza y cultura

La cerveza,
¿de qué y cómo se hace?

La cerveza es una bebida de gran consumo en nuestro país y en el mundo entero. Seguro que la has visto, olido y probado en más de una ocasión, pero no todo el mundo sabe de qué y cómo se hace. ¿Quieres conocer cuál es su proceso de elaboración?

El agua

Tan importante como que cada estilo de cerveza tiene un perfil de agua característico ideal para su elaboración, por eso cerveza ORDUM se elabora con Agua de Borines.

La malta

Es el resultado de un proceso. La malta como tal no existe de forma natural. Son granos de cebada germinados y secados/tostados. El grano de cebada se cosecha y se transporta hasta la maltería donde se extiende sobre el suelo de una sala de grandes dimensiones y se lo expone a unas condiciones específicas de humedad y temperatura para que germine (como cuando pones una legumbre entre algodón húmedo y comienza a salir un pequeño tallo).

Este proceso de germinación se paraliza en un momento determinado aplicando calor para eliminar toda la humedad presente. Entonces, el grano se recoge y se introduce en un tostador cilíndrico que gira sobre sí mismo, como si fuera el tambor de una lavadora. Es ahí donde se le da el grado de tostado elegido.

El tostado hace que existan distintas clases de malta, por ejemplo la Pilsen, la Pale o la chocolate, y cada una de ellas aporta unas características diferentes a la cerveza.

La malta utilizada para elaborar nuestras cervezas es Weyermann Maltz.

El lúpulo

Es una planta trepadora que en nuestro país se cultiva mayoritariamente en la zona de León. A la cerveza le aporta sabor, aroma y amargor. Además es un potente conservante. Se añade al mosto al final del proceso de elaboración (aunque existen múltiples técnicas que se pueden combinar entre sí).

Hopsteiner y Yakima Chief son nuestros proveedores.

La levadura

Se trata de una materia prima en estado vivo. Realmente, el maestro cervecero trabaja para ella, es su chef, pues es el encargado de prepararle un mosto rico en azúcares y minerales para que ella finalmente, tras ser inoculada en el mosto transforme el azúcar en alcohol y CO2, aporte aromas diferentes según la cepa elegida y proceso realizado.

En cerveza ORDUM trabajamos con Fermentis Lesaffre for Berverages.

¿Y el proceso?

Tras seleccionar estas cuatro materias primas el primer paso a realizar es LA MOLIENDA de la malta. A continuación, esa malta molida se añade al agua y en ese momento comienza EL MACERADO, proceso que nos ayuda a convertir el almidón de la malta en azúcar fermentable. Una vez finalizado este paso, separamos la parte sólida del mosto y ponemos éste a hervir para poder añadir finalmente el lúpulo. Cuando el hervido haya finalizado, volveremos a separar la parte sólida (restos de lúpulo) del mosto y enfriaremos este lo más rápidamente posible mientras lo trasegamos a un tanque fermentador donde inocularemos la levadura que comenzará a producir la cerveza.

Durante el proceso fermentativo, como decíamos, la levadura producirá alcohol y CO2. Si conservamos este gas producido de forma natural no necesitaremos añadirlo más tarde, por eso decimos que nuestra cerveza no lleva gas carbónico añadido, porque es natural.

Una vez terminada la fermentación, la cerveza aguardará madurando hasta el momento óptimo para su servicio (es lo que se conoce como el lagering).

Diseñar de oídas

Cuando Blanca y Frankie me propusieron diseñar su marca y sus etiquetas y me dijeron el nombre me enamoré del proyecto a través del oído. ORDUM es sonoro, profundo, grave, denso, húmedo, monacal, una consonante prolongada entre la nariz y la boca al final de un canto gregoriano. Es fácil visualizar un coro de graves rematando su canto con un ORDUM oscuro e interminable. Hay nombres que por su sonido trascienden a la gráfica que los representa. Son aquellos que solo se leen una vez y ya se quedan alojados en la cabeza. Si además el producto es tan cautivador como el nombre ambos son irresistibles e invencibles. Por eso, en este caso, el trabajo gráfico era relativamente obvio. Una tipografía rotunda, gruesa, contundente… algo que retumbe a la vista como el sonido al oído. El logotipo buscaba la representación gráfica de esa acústica; las sílabas “or” y “dum” unidas entre sí de forma natural por el enlace de la R a la D y de forma artificial entre vocales y consonantes mediante un enlace horizontal. La O con la R y la D con U se unen de forma directa para que la lectura no se rompa igual que el sonido del nombre no se rompe. Esta continuidad encierra además otros valores de la propia cerveza. Sabor largo, trago prolongado, aroma extenso… Nunca mi frigorífico estuvo tan lleno de cerveza. Probar todas las cervezas asturianas del mercado fue una experiencia. Detrás de esta cata se escondía encontrar qué aspecto tiene un sabor. La conclusión es la que veis, la de Ordum y la mía. Desde mi punto de vista, tradición, actualidad, fortaleza, medievo… Una marca casi onomatopéyica.
El resto del trabajo, aplicar el logotipo a etiquetas, cajas, packs, furgoneta… es un ejercicio de tipografía y orden. Contar lo que hay que contar y maquetarlo en su lugar adecuado, sin barriles ni monjes ni hórreos, ni decoraciones… . El logotipo es la etiqueta. Es vertical para darle el mayor tamaño posible. La rodean datos, códigos, descripciones… sin adornos, sin colores, como si de una fórmula magistral se tratase. La etiqueta que el boticario rellena y que en la estantería destaca por su nula intención convirtiendo otras gráficas en intenciones excesivas. Es cerveza, es natural… nunca una cerveza puede parecer un refresco. A partir de aquí un color de fondo, además del negro y el código de colores metálicos definido para cada variedad.
Estoy tranquilo. Sé que ORDUM no se venderá por la etiqueta, lo sabía cuando vi a Blanca y a Frankie por su pasión y compromiso con su proyecto. Cuando la probé solo certifiqué lo que me imaginaba. Simplemente no era necesario hacer nada para que la marca contase cosas de la cerveza, solo era necesario estar a la altura de las circunstancias y una vez llegado ahí, parar.
Queda Ordum por hacer pero ese eco, ese nombre que no puedes olvidar, que es imposible sacarte de la cabeza… Se parece un poco a un enamoramiento.

No soy un devoto del packaging pero este caso, de alguna manera, no es ese tipo de trabajo. A veces los diseñadores tenemos esta suerte. Gracias por dejarme disfrutarla.

Juan Jareño
Diseño y Comunicación Gráfica